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Consumada la conquista de la Nueva España, los españoles planearon su colonización y se dedicaron a fundar ciudades y establecer gobiernos.

La ciudad de México fue capital y sede de las autoridades españolas. De ahí partirían muchas de las expediciones destinadas a la extensión y el afianzamiento de la dominación hispana.

En agradecimiento a su lealtad, España tuvo con Tlaxcala distinciones especiales, como las de permitirle conservar su antiguo gobierno indígena y sus tierras sin la intromisión de los españoles, además de nombrarla sede del primer obispado de la Nueva España, otorgarle un escudo de armas y el nombramiento de "Leal Ciudad de Tlaxcala".

A sus habitantes se les concedió derecho de portar armas y montar a caballo, que sólo se les permitía a los españoles, se les consideró hidalgos con facultad para anteponer a sus nombres el título "Don", se les eximió del pago de tributos y se les concedieron otros privilegios, muchos de los cuales eran resultado de las gestiones hechas por los nobles Tlaxcaltecas que viajaban a España a hacer peticiones al Rey.

Al pasar los años esos privilegios se fueron olvidando y a los indígenas se les obligó, por ejemplo, a cubrir los gastos para recibir al nuevo Virrey en su paso por Tlaxcala, rumbo a México; a pagar tributos en dinero o en especie como el maíz y hasta en servicios personales.

El 6 de julio de 1591 cerca de un millar de tlaxcaltecas participaron en la colonización de lugares como San Juan del Río en Querétaro, Tlaxcalancingo en Puebla, San Esteban de Nueva Tlaxcala junto a Saltillo, San Miguel de Mezquitic en San Luis Potosí, Colotlán en Jalisco y San Cristóbal de las Casas en Chiapas.

Posteriormente siguieron fundando nuevas villas hasta llegar a las regiones de Texas, Nuevo México y Las Californias, en la actual nación norteamericana, además de las Islas Filipinas.

En la primera mitad del siglo XVI acompañaron a Hernán Cortés en su expedición a Pánuco y auxiliaron a Pedro de Alvarado en su tarea de fundador en Guatemala.

Al principio, Tlaxcala se gobernaba a través de cada uno de los cuatro señores. Éstos integraban el Concejo, que luego se convirtió en cuerpo municipal llamado regimiento y que estuvo bajo las órdenes directas de la corona española hasta 1535, fecha en que pasó a depender del Virrey y de la audiencia en México.

El primer Virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, transformó el gobierno indígena en cabildo indio, con un gobernador al frente que se elegía cada dos años.

Le seguían en importancia los cuatro señores de las cabeceras, que tenían igual poder político y el mismo título de regidor perpetuo, ya que continuaban en ese cargo hasta su muerte.

Asimismo, integraban el Cabildo o República india doce regidores menores que duraban un año en el puesto. El cabildo indígena sesionaba en idioma Náhuatl y en su propia casa situada en la plaza principal de la ciudad.